‘Uno de los nuestros’

Ja es troba a les llibreries ‘Uno de los nuestros’ el llibre sobre la darrera gira de Bruce Springsteen (Silex), editat per Toni Castarnado, amb pròleg de Neo Sala i en el qual col·laboro conjuntament amb els periodistes Guillem Vidal, Fernando Navarro, Miguel Martínez, Jordi Pujol i Nadal, Hector Garcia Barnés, Santi Comelles, Joan Barnils i els fotògrafs Jordi Vidal i Sergi Fornols.

En parla en Xavi Cervantes a l’ARA i aquí podeu veure on signarem exemplars el dia de Sant Jordi.

A continuació podeu llegir el principi del meu capítol:

“Ahora lees a través de nosotros, pero cuando leas por ti mismo tal vez ya no te parezca divertido que leamos para ti. Tendremos que inventar algo, ojalá se nos ocurra la manera de continuar esa ceremonia, la más importante del día; que cambie de forma, pero que siga sucediendo.” ALEJANDRO ZAMBRA (Literatura infantil, Anagrama)

Era una larga tarde, de tiempo incierto, como eran las tardes de nuestra primera adolescencia. Hablaba con una chica, que ya apenas recuerdo, y hoy pienso que en realidad me hablaba a mí mismo, con aquella trascendencia algo ridícula de cuando la vida era tan imprevisible como nuestras cuerdas vocales. ‘We learned more from a three-minute record, baby | Than we ever learned in school’, le dije y debí quedar tan tranquilo, yo que era tan buen estudiante, tan buen chaval, disfrazado por un día con la chaqueta de cuero del rockero que aquellos días impactaba con fuerza en el imaginario adolescente de aquella área metropolitana de los ochenta en que la amistad (y el amor) se demostraba grabando y regalando recopilaciones de canciones en cintas de casete.

El roquero en cuestión era un tal Bruce Springsteen. No era todavía ‘Bruce’, por supuesto; ni tampoco el ‘boss’. Y nos faltaba un poco aún para que nos autoenmiendáramos con un punto de esnobismo y lo rectificáramos a ‘Springsteen’ a palo seco. El caso es que aquel tío había publicado un disco que comentábamos, y se comentaba, rodeado de cierta polémica con su portada tan yankee, la madre de todas las controversias en casa de mis padres, educados en el mejor catecismo ‘progre’. El álbum en el que salían aquellas dos frases abrasivas era el Born in the USA, 1984, editado por CBS (como los vinilos de Dylan). La canción, No surrender. ‘We learned more from a three-minute record, baby | Than we ever learned in school’.

Han pasado años, han pasado décadas. Y esta frase, ‘aprendemos más de una canción de tres minutos, que en toda nuestra vida escolar’, toma una nueva dimensión ante una paternidad que obliga a revisar creencias y referentes. ¿Mis hijos podrían decir esta frase, hoy? Y si lo hicieran, ¿entenderían el implícito que contiene (que no es el anti-intelectualismo, sino todo lo contrario, el pensar por uno mismo, el de la búsqueda del sentido en el mundo de los adultos, a lo ‘growing up’)?Para mí aquellos three minute records eran la expresión de muchas más cosas. Un gran ‘totalmente a favor’, con permiso de Miqui Puig. Libros, cómics y pelis que nos hacían latir el corazón hambriento, piezas valiosas del puzzle que era nuestra educación cultural (y que, expertos sublimadores como éramos, y quizás todavía somos) también era, de alguna forma, nuestra educación sentimental. En casa yacen todavía, si uno sabe buscarlas, decenas de libretas con listas, citas y comentarios de aquellos efervescentes años. Con qué fervor apuntábamos nombres y fechas en un mundo que nos parecía inacabable y que ahora algunos nos dicen con condescendencia que hoy nos cabe entero en el bolsillo.

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